El festival Cruïlla celebra por todo lo alto su décimo aniversario!

Que un festival, evento, muestra, o cualquier actividad cultural que se precie, consiga celebrar una década en activo es casi un milagro, incluso una quimera. Conlleva un esfuerzo titánico y no solo se reduce a superar una primera edición, que puede que sea la más complicada, sino que cada año es un reto y puede ser el último, ya que el más simple error puede ser letal. Recuerden sino al festival Summercase, que después de varias ediciones desapareció del mapa, aunque su mala praxis no fue un leve error; hacer coincidir las fechas con el otrora masivo FIB, fue un acto suicida más que predecible.

No todo el mundo debe ni puede ser un buen gestor cultural, y mucho menos si el motivo principal es bañarse en oro; el sector musical es complejo y peliagudo, con cantidad de factores y agentes implicados y a veces, no todo se consigue a golpe de talonario. Por eso los organizadores del Cruïlla han conseguido con creces llenar un vacío en el superpoblado mundo de festivales musicales. Han conseguido atraer y fidelizar a mucha gente alérgica al mundo festivalero. Nos alegramos, además, que en su décima edición hayan batido su propio récord, con 77.000 asistentes repartidos en sus cuatro jornadas, con su programación marca de la casa, ecléctica, variada y sin prejuicios.

Vayamos al grano y repasemos 10 estampas que han marcado esta edición:

KYLIE MINOGUE parió un concierto asombroso con una concatenación de hits espectacular. Puesta en escena repleta de confeti, serpentinas, cambios de atrezzo, bailarines, colores, y una voz que sigue siendo la misma después de tres décadas. Pop mayúsculo y festivo. Lo más: su voz y carisma. Lo menos: los prejuicios antes del concierto.

– El americano MICHAEL KIWANUKA dio una lección de soul y folk a través de su voz serena y profunda acompañado de una más que sólida banda. Lo más: las palmas y las vocalistas en el espiritual “Black man in a white world”. Lo menos: demasiado público le conoce solo por el tema “A cold little heart” que aparece en el inicio de cada capítulo de la serie Big little lies.

– El grupo de pop-rap BLACK EYES PEAS ha perdido poder de convocatoria con un espectáculo más pobre y contenido, sin luz láser ni golpes de efecto Lo más: el carisma de los raperos sigue intacto. Lo menos: se echa en falta a la cantante Fergie, a pesar de que su sustituta Jessica Reynoso salva las tablas.

– El retorno a medio gas de GARBAGE, ya que las canciones no pertenecientes a su gran disco “Version 2.0” sonaron descafeinadas e insustanciales. Lo mejor: el carisma de su líder Shirley Manson y la reivindicación grunge del 20 aniversario de su disco más esencial. Lo peor: su setlist requiere una buena poda.

– La fiesta eurovisiva de YEARS & YEARS tuvo una puesta en escena espectacular con su cantante Olly Alexander cantando como los ángeles y moviéndose como un contorsionista. Lo más: la espantá del público con el chaparrón parecía una escena de The Walking Dead. Lo menos: tienen demasiados temas que se olvidan al finalizar la última nota.

– La fiesta brasileña de SEU JORGE estuvo marcada por la muerte ese mismo día de Joao Gilberto, padre de la bossa nova. Su concierto alternó clásicos con versiones de Bowie, cambiando su voz de tonalidad dependiendo del tema. Lo más: la banda y Seu Jorge tocando la guitarra y la flauta. Lo menos: que incluso el público brasileño congregado parloteara sin piedad.

– La épica rock de FOALS convence a medias por aunar demasiadas influencias sonoras en un mismo concepto, del rock casi metal al funk tropical sin convicción. Lo más: la canción de “Spanish Sahara” y el consabido carisma de su líder Yannis Philippakis. Lo menos: a veces parecen una banda cualquiera de stoner rock de estadio.

AURORA, cantante noruega de electro- pop brilló por su desenvoltura y potente voz. Lo más: su personalidad propia, aunque se la ve demasiado deudora de cantantes como Bjork, entre otras. Lo menos: tiene grandes temas como “The river”, “Runaway” o “Daydreamer”, pero su setlist fue largo y sencillamente agotador.

Santi Balmes y sus LOVE OF LESBIAN celebraron los 10 años del disco “1999” y repasaron en un concierto muy emotivo su gran repertorio. Lo más: el dúo con Marc Gili cantante de Dorian. Lo menos: la sensación que en cada concierto se están despidiendo de algo.

– El momento más emocionante de todo el festival fue cuando una chica llamada Laia subió al escenario reclamada por Kylie. Al subir entonaron unas estrofas del tema “Where the wild roses grow”, se abrazaron y al despedirse, ésta joven chica le susurró algo muy personal al oído. La emoción de Kylie fue tal que se quedó conmocionada, abstraída, incluso perpleja. No nos lo contó, pero a miles de personas se nos erizó el vello como pocas veces. ¿Qué debió explicarle?

 

 

Crónica Òscar Blanch.

Fotografías por Meritxell Rosell/ excepto fotografía escenario principal y Kylie por Xavi Torrent para Cruïlla Barcelona.

 

 

 

 

 

 

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