Soleá Morente y la emoción. La [2] de Apolo (Barcelona 10/5/18)

La flamenca presenta su disco “Ole Lorelei” con un ataque de responsabilidad.

Las personas de hoy ya no son como las de antes. Esta frase, que parece una obviedad para salir del paso y zanjar una conversación o bien para comenzarla, tiene mucho que ver con el concierto de Soleá Morente y Napoleón Solo en La [2] de Apolo de Barcelona.

La flamenca presentaba su nuevo disco “Ole Lorelei” acompañada de una banda comandada por Alonso Díaz a los teclados y un coro en el que destacaba la presencia de la asturiana Lorena Álvarez, compositora de buena parte del repertorio de este nuevo trabajo. Un trabajo arriesgado, el enésimo intento desde que el primer gitano llegó de la India a la Península con su música indescifrable, de llevar al flamenco a otra parte.

Pretender llevar todo lo que aparece en este trabajo diverso y rompedor no es tarea fácil. Poder y saber transmitirlo con entereza, dominando el escenario, en un espacio importante como el barcelonés quizás fue demasiado para una Soleá Morente que tuvo momentos mejores que otros y en los que sacó la fuerza necesaria para salvar un concierto, que, por momentos parecía perderse por los excesivos nervios de la cantante.

Porque las personas ya no son las de antes y si la figura de Enrique Morente y de Estrella Morente es muy poderosa, la de Soleá Morente promete si es capaz de hacerse de verdad con los mandos de las operaciones. Un concierto que comenzó con la intensa y oriental ‘La Alondra’ y que siguió con un temario en el que hubo momentos para el petardeo con ‘Baila conmigo’, para el pop a la Gainsbourg con ‘Ya no solo te veo a ti’, para el flamenco con autotune con ‘La misa que voy yo’… y hasta el pasodoble con un ‘Suelo español’ que dejó enmudecido a un público al que descolocó la presencia de una canción de contenido crítico con la situación económica del país y que costó procesar.

El concierto fue creciendo enteros a medida que Soleá Morente se liberaba de una excesiva puesta en escena de un personaje, la de la descendiente de una saga y toda la responsabilidad que conlleva, y donde se notaba que había momentos y estilos en los que se sentía más cómoda que en otros. ¿Cuáles? Pues donde se podía quitar un poco el corsé de parecer algo que no se es. Las personas de ahora no son como las de antes y lo que es, es. Los géneros evolucionan y no todos son válidos para todos los tipos de voz, carácter y presencia. Un corsé que desaparecía cuando podía expresarse de manera natural, en los temas más despendolados y los más flamencos, menos expresiva cuando el medio tiempo venía a verla.

La propia Soleá demostró la importancia que le daba a la actuación y la presión que conllevaba en un comentario en el que advirtió que ‘iban a poner toda la emoción’. Y esa emoción pareció convertirse en nervios. Y al final, la sensación de que la cosa promete si Soleá Morente se consigue consolidar como Soleá y hace suyo verdaderamente el repertorio, con la capacidad que da el conocimiento de un arte, el de expresar un mensaje profundo como el de algunas de sus canciones, más allá de la forma.

 

Antonio Molina.

 

 

 

 

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