Thurston Moore y la exaltación del ruido. El ex Sonic Youth y su banda hacen volar La [2] de Apolo.

Las ventajas de vivir en el campo son muchas y muy nombradas. La tranquilidad, el aire puro, la leche sabe a leche, los tomates son tomates, las gentes son sanas y dispuestas, y el alcalde juega al dominó en el casino. Cuando llegas a la ciudad, por mucho que quieras parecer uno de ellos, no lo eres. Y se nota. Así, cuando en la cola de acreditaciones un compañero te hace notar que esa es la cola de prensa, sabes que vienes del pueblo, que hueles a campo, y que quizás ha sido la boina lo que ha confundido a ese profesional. Ya lo sé para otra vez.

ThurstonMooreApoloConcierto de Thurston Moore en la sala Apolo. Antes de que el profesional me ponga en mi sitio, veo entrar a Moore y su banda en Apolo, de hecho, casi entramos juntos. Thurston es alto y se mueve con menos prestancia de la que muestra en el escenario. El resto de la banda parecen personas. No se parecen a Thurston. De hecho, Steve Shelley ha desarrollado una capacidad de mimetismo con el ser humano normal tan elevada que cada vez se parece más a usted, usted mismo que lee este texto.

La primera banda en aparecer sobre el escenario es Blood Quartet, un proyecto del legendario ruidista Mark Cunningham que, junto a un trío de eficientes bajo, guitarra y batería, propuso una comunión entre el ruidismo y la experimentación jazzística que, a decir verdad, no logró traspasar la primera barrera de comprensión más allá de saber que aquel de la trompeta y la guitarra era Mark Cunningham y era una leyenda y poco más.

Thurston Moore era colíder de Sonic Youth. Por si a alguien le faltaba algún dato. La aspiración de escuchar alguna canción de su ex banda es vana. Sala llena. Entre el público, abunda la mediana edad, gente mayor, alguna que otra conciencia rocanrolera y más bien gente de orden esperando la ola de ruido que le lleve a otro lugar. Eso somos. Gente esperando que otra gente nos lleve a otra parte. La fórmula de Thurston Moore es sencilla. Canciones extendidas, progresiones en las que o bien al principio, a la mitad o al final, una sencilla letra nos hable de amor. Y lo demás es volar, volar guiados por el metrónomo humano que es Steve Shelley y la precisión de la bajista Debbie Googe (bajista de My Bloody Valentine), capaces de crear una base contundente capaz de seguir los desvaríos perfectamente medidos y contenidos de Thurston Moore y de James Sedwards.

Personas normales dejándose llevar por seres que parecen como usted y como yo, pero no lo son. Thurston Moore y James Sedwards hacen cosas que vistas de cerca no parecen creíbles. Distorsiones, punteos, rasgados, golpear la guitarra, las cuerdas, sonidos, acoples, nubes de sonido, delicadas intersecciones, incluso, -y esto es algo que el fiero seguidor de Sonic Youth tardará en olvidar- punteos normativizados dentro de lo que en el rock es un punteo. Sí, en la canción “Exalted”, de su último disco “Rock and Roll Consciousness” (Caroline Records 2017), Thurston se marca un punteo que, no son palabras propias, le acercan a un Mark Knopfler del siglo XXI. Y no pasa nada.

El repertorio de ayer se centró precisamente en el último disco, en este Rock And Roll Consciousness que nos retrotrae a trabajos de su anterior banda como los discos “Murray Street“, por ejemplo, en los que los largos desarrollos y las excursiones guitarrísticas primaban sobre otro tipo de recursos de los Sonic Youth. Un concierto el de ayer en la sala Apolo de sonido apabullante pero que nunca llegaba a desbordar, que no llegaba a resultar abrasador. Un sonido bestial que nos hacía entrar en ese trance que un Thurston especialmente hippie parecía buscar constantemente. Fueron precisamente “Turn On“, “Cusp” o una excelente “Exalted”, tres temas de este último trabajo los que significaron el clímax de un concierto en el que surgen muchas preguntas y no se encuentran las respuestas. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo surge todo ese sonido tan atroz y a la vez tan limitado? Preguntas que se hacen legiones de imitadores en todo el mundo y que no se suelen responder bien.

Un concierto para demostrar que Thurston Moore tiene mucho camino por recorrer con una banda tan potente a su espalda y que nos quedan muchos viajes por hacer a lomos de sus Jazzmasters. Un concierto para demostrar que la gente normal, del centro y del extrarradio, pueden viajar más allá gracias a las guitarras, bajos, baterías y los cacharretes y adminículos que los acompañan. Ah, y para demostrar que la morsa era Kim Gordon.

 

Antonio Molina.

 

 

 

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