Air nos lleva de viaje en el Festival Jardins de Pedralbes en un concierto de altos vuelos!

Air1Air en Barcelona. Air en los Jardins de Pedralbes. Una entrada con alfombra roja. Fotos a la fuente. Una primera recepción que se asemeja tanto a lo que uno ha visto en las bodas de alto vuelo a las que ha podido asistir que espera que, en cualquier momento, en cualquier rincón, esa pareja tan apuesta sean los novios y los selfies que se hacen sean recuerdos de una jornada inolvidable. En la copa de espera, unos chicos de aspecto pulcro y música agradable de nombre Pantaleó, amenizan la llegada de los novios de verdad. Los novios auténticos son los ‘electronic performers’, Jean Benoit Dunckel y Nicolas Godin, Air, que acompañados por un fiero batería de melena larga y un avezado ‘electronic performer’ de teclados y sintetizadores, nos van a regalar una hora y media de viaje.

Air aterriza en Barcelona en el transcurso de una gira con motivo de sus 20 años de carrera, presentando el recopilatorio correspondiente. El pasado año, hicieron lo propio en el Primavera Sound, por lo que las comparaciones surgían en las conversaciones antes y después. El ambiente, el lugar, las condiciones, el sonido. Todo parecía decantar la balanza a favor del concierto de Pedralbes respecto al del Fòrum, pero… ay, un concierto de pie, con una cerveza en la mano, parece otra cosa. Sea como sea, Air nos regaló ayer un motivo más para hablar bien de ellos, para mantenernos fieles a la causa. Un viaje de sonido y de luz. Un festín de tiempos medidos, de ambientes suaves, de delicadeza, donde iban apareciendo, agazapados, crescendos, bajos martilleantes, baterías motorizadas, voces que quitaban pomposidad a la música con vocoders y filtros.

Air es un grupo al que tomarse muy en serio. Su concierto de ayer repasó grandísimas canciones de sus primeros discos, especialmente “Moon Safari“, 10.000HZ Legend y Talkie Walkie. Es precisamente con “Venus” de este último disco con la que abren su set de canciones. Un comienzo con saturación de graves que se va puliendo en el transcurso de la actuación y que, seguida de una imponente y espacial “Don’t be Light“, nos enseña lo que es esta banda. Delicadeza y vanguardia. Desde ahí hasta que despiden el concierto con una soberbia “La Femme d’Argent“, van cayendo canciones que ahora nos hacen quedarnos suspendidos en nuestros asientos, volando mucho más allá de los cuquísimos Jardins de Pedralbes y viajar de Paris a Bercy, a lugares en el cosmos en los que reina la luz y los chicos son sexys, desde espacios interiores a espacios siderales, desde lo más fantástico y psicodélico a lo más prosaico y banal.

Para los que venimos de una tradición rockista y pinkfloydiana, Air nos atrapa con esos bajos fuzz y esos medios tiempos que tanto deben al Dark Side of The Moon y a tantos otros discos de ese rock cósmico, pasado de moda, añejo y a la vez tan cautivador. Y no esperen poses ni aspavientos. Más bien esa desgana y afectación que les hace ser amados y odiados a la vez. Para los ‘electronics’, Air es ambiente, es programación, es truco. Para las parejas, es amor. Para los solitarios, es tocar la fibra. Air es para mí. Air es profundidad, como muestran en “Alone in Kyoto“, en la versión instrumental de “Playground love“, en una inmensa “J’ai dormi sous l’eau“, en “Cherry Blossom Girl“… y es ironía en “How does it make you feel?” o “Remember“, es mensaje en “People in the City“, es viaje en “La Femme d’Argent“, es baile en “Kelly Watch the Stars“, es diversión en “Sexy Boy“.

Es una hora y media con ganas de volar, de estar de pie, de quedarnos sentados extasiados, de mirar con ojos de odio infinito a quien habla e interrumpe ese desarrollo introductorio en… y de dar palmas y de percutir siguiendo la batería… y de dibujar una sonrisa de felicidad desde que suenan esos primeros acordes de Venus hasta que Jean Benoit y Nicolas se van y el viaje de vuelta a casa es otro viaje. Pero diferente. Con esos bajos de Air en la cabeza. Con esos sintes de Air en la cabeza. Con esa batería de Air. Con esas voces que tanto ayudan a que lo que parece volar en un envoltorio de celofán entre luces de neón, surja con un deje de ironía, de autoparodia, que nos sobrecoge y nos reconforta.

Un buen concierto que da lo que promete. Un viaje. Cósmico, interior, irónico. Y una música que te acompaña. Y no tocaron “Electronic Performers“… no hizo falta.

 

Antonio Molina.

 

 

  

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