Cruïlla Festival 2016; confluencia de sonidos y ritmos!

La séptima edición de uno de los festivales más eclécticos que se realiza en nuestro país se cerró con una primera jornada con record de público. Al fin y al cabo, el éxito de un festival siempre depende de la afluencia de espectadores. El Cruïlla o Barcelona Summer Festival es ya un evento indispensable en la ciudad de Barcelona. Como cada edición, la diversidad y la heterodoxia musical siguen siendo sus señas de identidad, así como todos los signos de cultura popular que año tras año definen este evento: Ongs, stands que promueven conciencia ecológica, área infantil con juguetería artesanal que retrotrae a tiempos pretéritos, castellers, food trucks de autor, etc.

La organización, fiel a sus criterios desde la primera edición, continúa programando con audacia y osadía una multitud de géneros musicales. Programar a Cat Power en un escenario para ver poco tiempo después a Bunbury puede causar irremediablemente un severo corte de digestión. Pero con el tiempo, han dado vida nueva al concepto de festival especializado destinado sólo para unos, para programar, bajo el mismo paraguas, diferentes estilos musicales y artistas dispares, con voluntad incluso pedagógica. La organización lucha por romper prejuicios y tabús sonoros y aunque no siempre lo consiga, merecen una sincera admiración por mezclar tanta variedad genérica en un macro-evento que no quiere superar los 25.000 asistentes por día.

Cat PowerEn la jornada del viernes, Cat Power fue la inesperada sorpresa, después de su visita del 2013. A estas alturas, a Chan Marshall no se le exige demasiado. En las últimas ocasiones la hemos visto dispersa y descentrada. Con o sin banda, ofrecía un concierto con demasiados altibajos, con serias dificultades en la interpretación, tanto a la guitarra como al piano. Pero en esta ocasión su actuación fue memorable, de una intensidad sorprendente, vocalmente deslumbrante, con una banda precisa y elocuente y con un setlist para enmarcar. Su interpretación de “Angelitos negros” de Machín fue uno de los momentos más desgarradores y emotivos que uno recuerda de la cantante americana.

El irlandés Damien Rice ha publicado tres emotivos trabajos que lo han convertido en un referente del folk- pop melancólico y evocador, en los que se hace acompañar de una sección de cuerda. Pero el cantante, por razones desconocidas, prescinde de los arreglos de cuerda y de músicos en su puesta en directo, y lastra, en cierta medida, la oportunidad de sentir en su inmensidad todos sus hallazgos sonoros. El cantante, en solitario, defiende su temario con absoluta convicción a través de su guitarra y sus pedales creando y superponiendo múltiples capas sonoras, pero su directo podría ser excepcional si estuviera acompañado como mínimo por un cuarteto de cuerda. Las razones no son ni presupuestarias ni de limitado tirón comercial. Damien Rice quiere controlarlo todo, y a pesar de que a su directo no le sobra ni intensidad ni emoción, el irlandés podría si quisiera dejar el suelo de una platea inundado de kleenex. Y no es el caso.

Damien Rice

Bunbury1Cuando Bunbury apareció en escena, medio Fórum se paralizó. Era una de las actuaciones más deseadas, con fans que aguardaban con el fervor que se espera a la virgen del Rocío. Su directo fue potente y prepotente. El cantante de Héroes del Silencio mostró personalidad, aura de estrella y mucho paquete entre las piernas. Emocionó a quién debía de emocionar, no en vano es una de las leyendas de la historia del rock español. Sus clásicos “Maldito duende” y “Mar adentro” provocaron fuga espermática.

El fenómeno de Crystal Fighters roza lo inexplicable. Su mezcla de folk, pop y electrónica, aderezado con manidos beats tribales mediante la utilización de la txalaparta y el txistu vasco, son un ejemplo de confluencia de ritmos y sonidos totalmente vacío, tanto en su forma como en el contenido. Su propósito de aunar tradicionalidad y modernidad los sitúa en tierra de nadie. Sin ninguna melodía memorable en sus dos trabajos publicados y magnificando su directo de una forma esteticista y efectista, el grupo consigue un directo electrizante pero absolutamente intrascendente. Deberíamos preguntarnos cómo es posible que propuestas tan vacías se conviertan en fenómenos musicales. Mucho más placentera fue la actuación de Seeed, grupo que llena estadios en parte de Europa y que desde Berlín ha creado un coctel de reggae, ska, dancehall y hip-hop poderoso con imposibles coreografías de sus cantantes y de algunos de sus músicos. Solo faltaban majorettes.

El sábado empezó con Snarky Puppy, grupo referencial de jazz funk de Brooklyn, con un Grammy en la categoría de mejor actuación de R&B y aclamados por artistas como Erykah Badu y Justin Timberlake. A su hipnótico directo había que prestarle una cierta atención para sumergirse en algunos pasajes más propios del jazz que del funk.

James, la banda de indie de Manchester, nos hizo recordar en algunos momentos la relevancia que el grupo tuvo en los 90. Con canciones como “Come home” o incluso con la nueva “Nothing but love” del reciente “Girl at the end of the world” (2016), sigue estando en plena forma, como su líder, Tim Booth, que ya en el segundo tema se tiró a surfear entre el público y que con sus poseídos movimientos corporales parece el líder de una secta en pleno trance.

James1

Con el soul-rock de Alabama Shakes el Cruïlla 2016 se marcó un concierto memorable. Con la guitarrista Brittany Howard y su impresionante voz, el grupo dio una lección de rock, soul, blues y funk, intercalando temas abrasivos y electrizantes con piezas calmadas llenas de matices. En su segundo disco “Sound & color” (2015), han enriquecido su sonido y lo han dotado de cierta contemporaneidad, con arreglos y giros melódicos magistrales. Mediante una banda compenetrada y acompañada a las voces por un trío de coristas, Brittany emocionó por su naturalidad, frescura e intensidad en un concierto conmovedor de principio a fin. Temas como “Don’t wanna fight”, “Miss you”, “Dunes” y sobretodo el final del concierto con la preciosa “Over my head”, con un impresionante juego de voces, fue uno de los momentos más brillantes y emocionantes que uno recuerda en un concierto. De lágrima.

Con Robert Plant, al frente de los Sensational Space Drifters, continuó, para algunos, el hechizo. Mientras no se decida a tocar íntegramente canciones de Led Zeppelin, qué es lo que todo ser vivo añora, siempre nos quedará un Robert Plant que se deja querer por el excelente guitarrista Justin Adams y la música tradicional africana, como en temas como “Rainbow”, de su último disco “Lubally and… the Ceaseless Roar”. Pero, sin duda, el griterío generalizado sobresale con “Black dog”, “Going to California”, “Babe, I’m gonna leave you” y su clásico “Rock and roll”. Es una leyenda viva del rock.

Robert Plant

En la jornada del domingo, mucho más familiar y relajada, actuaron unos brillantes Calexico que siguen cocinando su rock fronterizo con sus ocho valiosos álbumes publicados. Ver a Joey Burns (bajo y voz de Calexico), acompañado del cantante Jairo Zavala (Depedro) y de Amparo Sánchez (Amparanoia ) mezclando sonidos latinos con acordes procedentes de Arizona es un placer inconmensurable. Auténtico mestizaje sonoro.

Calexico

 

Òscar Blanch.

Fotografías Meritxell Rosell.

 

 

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