Micah P. Hinson reinterpreta su obra maestra (17/05/15, Sala Bikini, Barcelona)

DSC_0689REn muy pocas ocasiones uno presencia un concierto con un público tan respetuoso, entregado y silencioso. A pesar de las incontables giras del americano por nuestro país, los fans del cantante llenaron la sala y reverenciaron cada uno de sus gestos. La excusa era la celebración del décimo aniversario de su magistral debut, “Micah P. Hinson And The Gospel Of Progress”, un compendio de gemas folk pop de raíz americana, melancólico y oscuro, que en su momento, sorprendió a crítica y público. El resto es historia. A estas alturas ya es bien conocido algunos aspectos biográficos del cantante: ingresos carcelarios, adicciones, vagabundeo, y un triste accidente automovilístico  ocurrido en la provincia de Tarragona en 2011. Las secuelas del maldito accidente siguen siendo a día de hoy muy visibles. Pero Micah P. Hinson es un héroe, o un antihéroe, un tipo resistente y tenaz, con una de las sensibilidades más apabullantes e hirientes del último decenio. Y una vez más, volvió a demostrar la grandeza de sus composiciones y su abrumadora capacidad para transmitirlas.

DSC_0668RAcompañado de su esposa Ashley B. Hinson a la batería y de Justin Cope al bajo, el cantante repasó las excelencias de ése disco mediante su voz cavernosa y grave. Sorprendió su reinterpretación, llenando sus canciones de silencios y pausas, ralentizando algunos tramos y dotándolas  de una espiritualidad que desconocíamos. Y sí, desafina de lo lindo, como algún espectador apuntó, pero qué forma más preciosa de desafinar, hiriente y llena de emoción.

También es cierto que Micah vacila en infinidad de acordes con la guitarra, que su mujer embarazada toca la batería como un niño aporreando ollas, y que el bajo sigue como puede el desaguisado. Pero a pesar de todo, el cantante americano ofreció un concierto memorable, con espacios para la sutilidad bien entendida y con crescendos intensos y dramáticos, siempre aderezado con su habitual negro sentido del humor. Uno no escucha en directo tan a menudo clásicos irrefutables y perdurables como “Close your eyes”,”Beneath the rose”,”The possibilities”o “Stand in my way”, a pesar de la ausencia del violinista que supuestamente les debía acompañar, de su esposa que ejerce funciones de terapeuta más que de instrumentista, y de un Micah P.Hinson lejos del arrollo interpretativo de antaño. Prometió que volvería el próximo año. Ahí estaremos.

 

Òscar Blanch.

Fotografías Meritxell Rosell.

 

 

 

 

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