«Antropología»; el gran debut en largo de Trajano!

TrajanoAntropoTrajano! están de vuelta. Después de un par de años agitando los escenarios, de un Ep de homónimo nombre que les permitió darse a conocer y  trascender de los círculos más undergrounds hacia el gran público y después de ser catalogados como una de las grandes esperanzas de la música alternativa española, llega el turno de “Antropología” (Marxophone 2014), la puesta de largo de verdad, el primer disco.

El grueso del álbum se grabó en New York, en los estudios Rubber Tracks, un privilegio que el cuarteto se ganó por derecho propio al proclamarse ganadores del Converse Make Noise, bajo la supervisión de Aaron Bastinelli (Marky Ramone, Bono, Matt & Kim) y se completó en Barcelona (estudios Maik Maier) y en Madrid con David Kano en su estudio, el Hit Boutique.

El disco está compuesto por ocho canciones al más puro estilo Trajano!, y esa es la noticia, el fondo no ha cambiado, las formas sí, ahora el envoltorio es profesional y cuenta con un sonido sobresaliente, un paso firme hacia adelante, llamémosle madurez o simplemente pericia adquirida. Trajano! han buscado en este trabajo sonar a si mismos pero mejor y lo han conseguido, sus canciones siguen siendo muy personales, casi intransferibles. Son unas creaciones que buscan, que rozan, la genialidad, la del genio loco, la que no todo el mundo puede apreciar o entender y es que ellos no buscan la comercialidad, la melodía fácil, el estribillo simplón o la letra manida, así pues huyen también de textos costumbristas repetidos por doquier.

El álbum comienza como un tiro con “Jaguar”, canción en el que empiezan a aparecer un temario propio y enigmático que es una constante en todo el disco, montañas lejanas, un mundo que se acaba, gente que desaparece y unos ritmos apocalípticos que nos seguirán en “La nube se extiende (Willow)” donde relucen las típicas y marcadas líneas de bajo made in Trajano! junto a los teclados más “New Order” de todo el álbum. “Las nieves del Kilimanjaro”, tema que tanto se bailó en sus últimos bolos, es un ejemplo que el disco te va a hacer pensar sobre lo que estás escuchando “la danza Armenia que te corrompió no puede sonar aquí entre las tinieblas del Vietcom.”. “Interludio” llega como lo que es, un pasaje instrumental entre canción y canción de bellísima factura. Con “Sánscrito” nos adentramos en ritmos hechizantes (arabescos?), pegadizos, donde los estribillos son marcados por los teclados y los riffs de guitarra. “El Último hombre del mundo” es el título paradigma de sus letras apocalípticas, «el último hombre no tendrá que preocuparse por el hambre ni por el holocausto nazi» y disfruta de un riff de guitarra melancólico en un tema donde destaca la batería doblada. Si todas las anteriores canciones nos han hecho mover, “155” es quizás la más bailable de todas, ritmo sostenido de batería y melodía a lo Twoo Door Cinema Club, susceptible de ser pinchada en pista.

Antropología” llega a su fin con “Elegía”, que como su nombre indica es un poema de lamento que en este caso bien podría ser todo un homenaje a Ian Curtis y su “Atmosphere”, digno broche final a un disco sólido, hecho, que cuenta historias, enigmas y miedos tan rápidamente (25:12 minutos) que se hace corto. Se nos antoja un imprescindible para el 2014.

Jordi Prats.

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