Tierra Desacostumbrada, Jhumpa Lahiri (Editorial Salamandra, 2012)

TIERRA DESACOSTUMBRADA_BOLSILLODebo decir que llegué a este libro un poco por casualidad. Remontémonos unos meses atrás. Un fin de semana en casa, mientras hacía ‘zapping’ llegué a un canal de televisión en que un periodista conversaba con Fernando Trueba. No recuerdo qué periodista era, ni qué programa ni de qué iba. Sin embargo, al final de la entrevista Trueba recomendaba con cierta pasión el libro que nos trae. Reconozco con cierto esnobismo que pensé que si tanto le había gustado a un director de cine con un perfil tan intelectual seguro que era una apuesta segura para leer. Me apresuré a buscar un bolígrafo y  anoté el título de la novela.

El nombre de su autor (en este caso, autora) me sonó, ciertamente, exótico y no lo pude retener. 

El lunes siguiente me dirigí a la tristemente desaparecida Llibreria Catalonia. Una vez adquirido el ejemplar me puse en antecedentes y descubrí que Jhumpa Lahiri había logrado que el ‘The New York Times’ designase este libro como el mejor del año 2008. Además también se dio el extrañísimo caso que la obra puso de acuerdo, tanto críticos como a público, cosa que no suele suceder con frecuencia. 

La novela está estructurada en dos partes totalmente diferentes. La primera, la integran cinco relatos cortos y sin conexión de los que tenemos que destacar el primero, ‘Tierra Desacostumbrada’, es decir, justamente, el que da título al libro. En él ya encontramos las principales características de las historias que cuenta Lahiri. Habla de familias de origen bengalí y de las relaciones entre sus miembros, los cuales suelen desempeñar, en general, todo tipo de profesiones liberales. Y aunque la integración en la sociedad que les acoge es total, no deja de percibirse en todo momento un matiz de desarraigo que provoca que uno pueda tener un pequeño ataque de melancolía. 

En cuanto a la segunda parte, de título ‘Hema y Kaushik’, consta de tres relatos aunque de una única unidad argumental. Los dos primeros se centran en los años de juventud de ambos protagonistas y tienen la originalidad de estar contados en primera persona por cada uno de ellos, esto es, el primero por Hema y el segundo por Kaushik. Este particular recurso literario consigue que tengamos una perspectiva más global de la historia. 

No me olvido del tercer relato, titulado ‘En la orilla’, en que la casualidad hace que Hema y Kaushik se encuentren en Roma años más tarde ya en plena madurez. Sólo diré que, a pesar de que la historia fluye de manera amable y relajada persiste en el ambiente ese tono de nostalgia que me ha parecido adivinar en la prosa de Jhumpa Lahiri. Pero además, en este último fragmento, también se respira una extraña fatalidad que se prolonga hasta la conclusión del libro. No desvelaremos aquí si se confirma o no.  

Así que mi recomendación, si es que alguien decide leer la novela, es que lo haga con tranquilidad, descanso y comodidad, sin ningún tipo de prisa. No estamos hablando de un producto ‘fast food’. Más bien de todo lo contrario. El libro exige ser degustado, saboreado poco a poco y disfrutar de todos y cada una de los aderezos a los que Jhumpa Lahiri recurre para dotar de una mayor belleza a las palabras que utiliza.  

“Yo era la única a quien no le importaba que siguierais con nosotros. A mi modo callado y complejo seguías gustándome, me sentía dichosa por el simple hecho de observarte día tras día. Y tus padres me caían bien, sobre todo tu madre; la atención que me dedicaba casi llegaba a compensar tu indiferencia.”

Giacomo Salicedi.

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