¡Quieto (y atento) todo el mundo! Crónica de un 23F con Bcore (Joan Colomo + Maria Rodés) en Madrid

Es un día especial, de revuelta, de calles cortadas en Madrid. Vamos a la poesia como se va a idear el mundo que viene. Y para idear el mundo nuevo, yo no podía hacer más que llegar tarde…pero sólo son 2 minutos. He pillado la primera canción al vuelo. Al vuelo es la expresión exacta: aquello del subterráneo Costello Club es casi ya una nube flotando tranquila.

1361747968160La primera vez que fui a ver a ver a Maria Rodés, tuvo lugar en Barcelona y su proyecto se llamaba Oniric (recuerdos de aquel tema «Lies«). La última vez fue en Heliogabal, en otras configuraciones ya, pero me he paseado mucho y 3 años pasaron. Eso sí, de onírico nada perdió todo aquello. Reverberaciones y ecos que arropan el sonido acústico y que la visten a ella, la muy delicada. La voz es sutil, linda. Son pinceladas. La cosa es muy humana, física, sensual, epidérmica. Siempre jugando con onomatopeyas, mantras de ruiditos acústicos ejecutados en el acto, coros ( y «jugando» es la palabra). Que no extrañe que su último disco se titule «Sueño triangular» (Bcore, 2012).

Ella dice que lo siente mucho porque estamos de pié y su música es para estar sentado…a mí es que incluso me dan ganas de cerrar los ojos y echarme por ahí tranquilo sin preocuparme tanto y eso, escuchar.

En el escenario: ella con guitarra acústica y un par de micrófonos, un guitarrista acompañándola con efectos (siempre al detalle, muy de arreglo y reverberado, pendiente de la melodía y de la voz, casi confundiéndose con un coro en algunos puntos). Temas tan grandes como aquél «Desorden» o la bonita parodia «Lejos de Pekin«, una versión de «Noi coix» de Animic, «Empezando a terminar» de Alvy Singer, cerrando con «Mírate» en la que canta, «cuando te pondrás a trabajar en algo normal como los demás..» que le decía su médica mamá. Y a pesar de lo complicado que resulta seguir obrando aquí, sería cruel alejarse de algo tan esencial… Marchémonos lejos si hace falta, pero sigamos así.

1361748028087Luego, la transición es fantástica. Los dos mundos de Maria y Joan que se funden porque ella le invita a acompañarle en una última canción. Surgen los problemas técnicos y no suena el tecladito que tiene que servir de base rítmica. Las reacciones son características: Maria, más reservada, buscando alguna posibilidad de arreglarlo y Joan cachondeándose de todo. Maria sonríe. Él toma el teclado y lo hace sonar por el micrófono, sus coros en un segundo plano pero el público camelado.

Joan Colomo se instala. Los hábitos nuevos son de fumar un piti fuera del garito durante el descanso. Mientras, Joan se divierte con sus cacharritos, disparando playbacks de Beyonce o Lana del Rey. Ahi nos quedamos, entretenidos y pendientes, vaya. Y cuando vuelven las masas, el pibe abre disparando un audio del intento de golpe de estado de Tejero en las cortes el 23F.

1361748010819Joan Colomo (The Unfinished Sympathy, La Célula durmiente) es un figura. Es un fantástico guitarrista (también y antes de nada porque no lo hace notar). Está muy a gusto en el escenario, perfectamente cómodo con el público, cachondo (no me reí tanto desde el més pasado, viendo a Javier Krahe con peña encantadora en la Galiléo…y la filiación tiene mucho sentido pues la actitud era realmente parecida, la ironía sumamente compartida). Se sirve de sus aparatos, loopeador, efectos, con la misma fantasía y causticidad que mete en sus letras.

Una canción detrás de otra, «Fe en el acné«, «Hort mort«, «El Abismo de uno mismo» («¡viva el fanatismo del abismo de uno mismo!»), «Ya ves, Andrés«, «L’Ocell» y algún tema rescatado del programa radiofónico en el que interviene musicalmente para ilustrar la actualidad (en este caso, acerca el austríaco que saltó desde la estratosfera patrocinado por Redbull…o «ese refresco de mierda» como dice la canción) con una sensación de concierto improvisado en el salón de casa, versiones despojadas de unos arreglos que no se echan en falta.

Un adiós disparando otra vez por la maquinita los nombres sampleados de fascistas nacionales, abandonándonos a repetir: beber, despertarnos con resaca y escribir.

Vidal.

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