El gran Gatsby, Francis Scott Fitzgerald (Editorial Anagrama, 2011)

Nos encontramos en Nueva York, en pleno apogeo de los locos años 20. Jay Gatsby, un tipo enigmático envuelto en un halo de encanto y misterio que nada en la opulencia, celebra en su mansión de Long Island las fiestas con mayor derroche de prestancia y glamour de todas cuantas tienen lugar en la ciudad. Entre los invitados con los que uno se podría topar allí se hallan de todo tipo de condición, a saber: actores, escritores, deportistas profesionales, bellas mujeres, especuladores de bolsa y hombres de negocios un tanto turbios. Aparentemente Gatsby no disfruta de estas recepciones. Incluso se diría que aguarda, aburrido, que aparezca alguien.

A través de su vecino, Nick Carraway (personaje que ejerce de narrador de la novela), Gatsby consigue llegar a un amor de juventud. Hablamos de Daisy Buchanan, cuyo marido, el fornido Tom Buchanan, hombre de robustas convicciones, en realidad practica una doble moral ya que mantiene relaciones adúlteras con Myrtle Wilson, esposa de su mecánico. Muchos nombres en un párrafo tan corto. Pongamos un poco de orden. Carraway,experimenta admiración e intriga, a la vez, por Gatsby. Tom Buchanan siente una repulsión antagónica por Gatsty. Daisy Buchanan descubre que después de tantos años vuelve a sentir mariposas en el estómago cuando aparece Gatsby. Y Myrtle Wilson solamente piensa es escapar dela vida anodina que lleva junto a su marido viviendo en un polvoriento taller de carretera.

F. Scott Fitzgerald construye un relato de trágico e inesperado desenlace mediante una curiosa estructura poligonal de relaciones personales y sentimentales en las que se suceden alternativamente el amor, el odio y la despreocupación, pasiones que retratan de manera excepcional la sociedad americana que nació y se desarrolló durante los años que vinieron con posterioridad a la Primera Guerra Mundial.

Una vez introducidos los personajes y presentada someramente la trama de la historia ya no sabría mucho más que contar. Es decir, que lo más ingenioso que se me ocurre es que todo el mundo debería leer este libro breve pero contundente. Entonces comprobaría asombrado cómo en la literatura, muy de vez en cuando, todo encaja. Resulta prodigioso tener la conciencia de que cada palabra y cada frase están elegidas con suma exquisitez y que se encuentran en el lugar apropiado; que el lenguaje utilizado nos propulsa a un viaje maravilloso con destino a aquellos años de exuberancia y locura, e instalarse la placentera sensación de parecer percibir los lejanos acordes de una música atemporal de jazz. Esa atmósfera tan especial que tan bien supo retratar Jack Clayton en la adaptación cinematográfica de la novela (una película altamente recomendada) que protagonizaran Robert Redford, Mia Farrow y Sam Waterson.

“Llegaba la música de la casa de mi vecino en las noches de verano. En sus jardines azules hombres y chicas iban y venían como mariposas nocturnas entre los murmullos, el champagne y las estrellas. Cuando por las tardes subía la marea, yo miraba a los invitados, que se tiraban desde el trampolín de la balsa de Gatsby, o tomaban el sol en la arena caliente de su playa privada mientras dos lanchas motoras surcaban las aguas del estrecho y remolcaban a esquiadores acuáticos sobre cataratas de espuma.”

Giacomo Salicedi.

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